¿Quieres fomentar la lectura en tus hijos? ¡Visita una librería!

se pueden convertir en tu mejor
herramienta para que los tuyos lean

Hay muchas y muy buenas propuestas para el fomento de la lectura, lo cierto es que en Menudo Castillo pensamos que la mejor manera de hacer que alguien lea es conseguir que descubra lo divertido que es hacerlo y que se encuentre a sí mismo leyendo casi sin darse cuenta. Obligar nunca ha sido una opción para que alguien quiera leer y decirle lo beneficioso que es… en fin, tampoco es algo que te invite demasiado a acercarte a un libro (quizás si lo prohíbes tengas mejor suerte).

La curiosidad y las ganas suelen ser mejores aliadas que las imposiciones. Si me obligas a hacer algo lo que estarás haciendo, casi con total seguridad, es conseguir que cada día me apetezca un poco menos. Y la lectura necesita de personas a las que les guste leer, es más, a las que les apasione hacerlo. Y no por obtener reconocimientos o gratificaciones (ni notas, claro), qué va, el mejor beneficio que puede ofrecer un buen libro es hacértelo pasar fenomenal, llevarte de viaje allí donde otros no han estado y conocer a personas y formas de pensar que ni siquiera habrías imaginado.


Librería Serendipias en Tres Cantos
Una idea para que la lectura entre por los ojos (y por las ganas) es visitar una librería en familia. Y hacerlo con libertad, sin imposiciones (más que las que ponga el librero o la librera a la hora de toquetear sus libros y estanterías). Recorrerla poco a poco, disfrutarla e incluso asegurar un presupuesto individual para hacerlo. Estar por allí un buen rato, recorriendo lomos, títulos, nombres, secretos… y que cada miembro de la familia (todos ellos si es posible) escojan bajo su presupuesto el libro o los libros que más les apetezca, sin restricciones. Eso dará una libertad que acercará a cada uno solo a ese ejemplar que le está llamando, a esa cubierta tan atractiva, a ese nombre que entrar por los ojos… ¿no dejáis elegir en pastelerías, por ejemplo, por qué no en una librería?

Hacerse amigo de la librera o del librero, dejarse aconsejar, buscar el libro que se ajusta a tus gustos… eso vendrá más tarde, al principio hay que tirar solamente de intuiciones y apetencias personales. Eso sí, familiarizarse con una librería y sentirla como propia es algo que beneficiará a la larga el hábito lector, eso es seguro. Y ya no eso, sino las ganas de comprar libros, que no es algo a dejar en el olvido, porque la lectura es un arte, pero también un negocio y hay muchas personas que viven de ello. Tenemos que disfrutar de libros y leerlos y comprarlos.

Las familias que leen en compañía lo hacen mucho más
Hace algunos meses Elena Martínez Blanco, la librera de la Librería Serendipias en Tres Cantos, me contaba que una profesora de lengua y literatura de un instituto de su ciudad había puesto en marcha una idea para que sus alumnos visitasen su librería. Tenían una lectura recomendada y todos habían preparado el dinero de lo que valía su ejemplar, todos juntos habían ido hasta la librería para después, uno a uno, comprar el libro que luego iban a leer. Eso ya creó un pequeño vínculo y les dio a conocer un negocio que muchos niños y niñas desconocen casi por completo hoy en día, el de librero. Me encantó esa idea y me prometí que la pondría en marcha más tarde o más temprano, creo que es una idea muy buena para cualquier profesor de lengua y literatura, igual que se visitan bibliotecas desde los centros educativos, visitar una librería me parece más que beneficioso.

Otros aprovechan las diversas ferias del libro de sus municipios o ciudades para hacer lo propio, conocer a los autores y a los libreros, en fin, acercarse aún más a los libros de un modo emocional y personal. Ahí está uno de los trucos, en la emoción, en conseguir que los lectores quieran leer (no porque uno les diga que lo hagan, sino porque ellos quieran hacerlo).

Ejemplo de interior de librería infantil
¿Conoces las librerías que hay cerca de tu casa o de tu centro educativo? ¿Las visitas? ¿Cuántas veces has ido en el último año? Si queremos que nuestros peques lean deberíamos empezar a mirar a las librerías de barrio y de pueblo como unas de nuestras mejores aliadas (mucho más, por cierto, que gigantes digitales en los que parece todo mucho más fácil y directo, pero que también son más fríos y distantes).

Visitar una librería en familia y comprar cada uno un ejemplar (o varios) que luego leamos, nos intercambiemos y nos regalen momentos en familia de calidad (aunque cada uno de nosotros estemos en un universo diferente) puede que sea un placer que haya que recuperar y recordar. Y lo que es placentero nos invita a repetir.

Para fomentar la lectura hay que conseguir que esta sea vista como un juego, como un divertimento, como algo cotidiano y feliz, placentero. Si conseguimos que esto sea así, tendremos parte del camino realizado. Y si buscamos buenas aliadas para conseguir que los libros se conviertan en uno de nuestros mejores momentos del día, las librerías, son algunas de las mejores que podríamos soñar.

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