Luz Marina Baltasar nos desvela algunos de los secretos de Simón


"Estoy contenta porque veo que el mensaje ha llegado claro y sin distorsiones. Porque llega al corazón, y porque hace pensar, aunque sea por unos instantes, que el valor está en aceptarnos como somos y en aceptar a los demás" 

Seguro que recordáis que hace unos días os recomendábamos "El secreto de Simón", un libro para niños soñadores que, aún, no saben lo que querrán ser cuando sean mayores (¿o sí?). El caso es que nos gustó muchísimo y le pedimos a su autora, Luz Marina Baltasar, que nos contase algunas cosillas sobre esta auténtica joya de biblioteca que deberías estar leyendo ya (si es que no la has leído todavía).

Luz Marina, ¿de dónde nació “El secreto de Simón”? ¿Cuál fue la pregunta o el susurro que puso en marcha esta historia? 

Esta historia nace de mi propia experiencia vital. He elegido el camino del arte o tal vez, el camino me eligió a mí. Y no es un camino nada fácil, aunque no lo cambio. La historia está inspirada también por el nacimiento de mi primer sobrino. Antes de que él naciera pensé en lo que me gustaría que supiera por encima de todo: que es valioso sólo por ser y estar aquí, por ser él mismo, independientemente de lo que decida hacer a lo largo de su vida. 

Una historia en la que mezclas realidad, sueños, cariño… y en la que nos regalas tanto el texto como la imagen, ¿cómo la tejiste? ¿Qué fue primero el dibujo o la idea? -¿qué ha pesado más para ti a la hora de realizarlo o en qué parte has encontrado mayor trabajo o dificultad, en el texto o en la ilustración? 

Quise reflejar todo lo que me interesa de esta vida: la imaginación, la belleza y el amor. Pero llegar a concretar todo eso en un libro es complejo, hay que desechar muchas ideas. En principio tenía los conceptos que quería trasladar. Al saber que mi sobrino sería niño, lo enfoqué. Ese punto de contacto con la realidad me ayudó para anclar muchas cosas. La creación del personaje fue determinante, sus rasgos, atributos, personalidad, gustos, etc. Teniendo al protagonista, empecé a crear imágenes sueltas donde él estaba en distintas situaciones, en principio inconexas. Soy fundamentalmente visual por lo tanto, a partir de las imágenes creadas, comencé a hilar la historia. Aunque después, varios procesos se solaparon. 

La mayor dificultad para mí ha sido la elaboración del texto y su síntesis. Y también encontrar un final sustancial para conseguir hacer llegar el mensaje. El texto era mi preocupación.

Un libro que habla, aunque sea casi sin que se perciba, de la familia y de lo fácil que es sentirse protegido en su seno… ¿un libro como este solo lo podría haber escrito alguien con una familia a la que quiere un montón? ¿cuánta culpa tiene tu familia de que exista Simón? 

Mi familia ha sido fundamental para Simón, y eso se traduce en el libro. La creación precisa esencialmente de tiempo, como cualquier otra dedicación. No creo que la sociedad en general entienda todo lo que implica dedicarse a la creación. El tiempo se convierte en dinero, como dice el que fue presidente de Uruguay José Mujica, “no compras con monedas, compras con el tiempo de tu vida”. Y el tiempo es un bien escaso que no regresa.

Por lo tanto, mi familia me ha regalado lo más valioso, ese tiempo. Respaldándome emocional y económicamente durante el tiempo necesario para que El secreto de Simón se hiciera realidad. Ellos han sido mis mecenas. Muchas veces necesitamos del apoyo de la familia, aunque esa parte no se suela contar porque está de moda el individualismo y la autonomía. 

“El secreto de Simón” es un libro que huele y sabe a fresas… ¿recomiendas leerlo con un buen puñado de fresas cerca? 

¡Sí!. La memoria olfativa es muy intensa, y es capaz de transportarnos al pasado. El olor de una muñeca nueva, el de la plastilina, el del potaje que hacía tu abuela, un perfume concreto, etc. Quería dotar al libro de un olor característico. En ese sentido, quería hacer un libro donde la sensualidad tuviera protagonismo a través del color y los elementos visuales. El libro es una celebración de la vida, de la belleza de la naturaleza y de los placeres.

¿Cuántas veces te preguntaron de pequeña qué querías ser de mayor? ¿Lo tenías muy claro o eras muy indecisa ante esta pregunta? -¿Una pregunta que te gustaba que te hiciesen de niña y que te gusta hacer a ti? -¿Condicionamos a los niños desde muy pequeños? ¿Deberíamos dejarles volar algo más para que ellos mismos averiguasen qué quieren ser? 

Me río al recordar que de pequeña, en familia, escuché varias predicciones de futuro para mí: “va a ser cantante”, “modelo”, “gimnasta”, “artista”. Si tuviera que definirme lo haría como “creadora” o “creativa”. Cuando descubrí que había adultos que seguían pintando, yo quise ser pintora. En el fondo, lo que quería era seguir siendo yo, porque mi “yo” de entonces era feliz pintando. ¡Y sigo igual!. Sí, lo tuve muy claro desde pequeña, y mi familia me respetó. 

Me gustaba y me gusta la pregunta “¿a qué jugamos?”, porque ahí comienza la creación.

Creo que es muy importante que los adultos observen cual es el “elemento” del niño o la niña, como define Ken Robinson. Conocer su tipo de inteligencia, como propone Howard Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples, y a partir de ahí, orientarlo y acompañarlo en su propio camino. 

La mayor parte del tiempo niños y adultos sentimos que nuestro valor no está en nosotros, sino en qué notas sacamos, en qué coche llevamos, en qué ropa usamos, en cuánto dinero ganamos. El viejo “tanto tienes, tanto vales”. Bukowski, Faulkner, Kafka, ¡incluso Walt Disney! se dedicaban a trabajar en Correos para pagar sus facturas; trabajos que años después abandonarían por atender su vocación a tiempo completo. Pero ellos no eran carteros, eran creadores. Una cosa es lo que haces para ganarte la vida y otra, lo que eres. Quiero hacer hincapié en eso con mi historia, en que no nos confundamos: el verdadero valor está en las personas. Parece un mensaje simple, pero se olvida constantemente. 

Acuarela, lápiz y, supongo, mucho ordenador… ¿con qué materiales te gusta ilustrar? ¿Qué has usado para maravillarnos con “El secreto de Simón”? 

La técnica que he usado para las ilustraciones de Simón es íntegramente manual: lápiz de grafito y lápices de colores, nada de ordenador. Después, se han digitalizado las imágenes y maquetado junto al texto. En ese sentido soy tradicional. Vengo del mundo del arte, donde creas “piezas” físicas que se exponen y se venden. Lo digital me parece una herramienta asombrosa, muy útil y rápida. No la descarto. Pero me gusta tener los dibujos originales de Simón, verlos, palparlos, enseñarlos. Me gusta tener que sacar punta a los lápices, probar papeles, técnicas, tener que limpiar los útiles y la zona de trabajo. Es como un ritual en el que me siento segura desde que era pequeña.

Ya hace unos días que Simón está revoloteando sobre un colibrí o recorriendo un jardín a lomos de un milpiés, ¿qué te estamos diciendo los lectores? ¿Qué nos estás contando con “El secreto de Simón”? 

¡Me estáis diciendo cosas preciosas!. Os están gustando mucho las ilustraciones pero además, la historia, que es a lo que más temía. Estoy contenta porque veo que el mensaje ha llegado claro y sin distorsiones. Porque llega al corazón, y porque hace pensar, aunque sea por unos instantes, que el valor está en aceptarnos como somos y en aceptar a los demás. 

Me llegan palabras bonitas y fotos de gente que ha comprado mi libro, y se lo ponen en el corazón, lo abrazan. Eso me fascina. Porque si alguien abraza a Simón, me está abrazando a mí. Él es el resultado de muchos miedos y dudas, de mucha espera, de mucha incertidumbre. Y el gesto de abrazarlo, o verlo en brazos tanto de niños como de adultos me emociona.

Con Simón has estado en la Feria del Libro de Madrid, en la de Sevilla, claro y en muchos rincones más… ¿cómo está siendo el viaje en su compañía y en compañía de Kókinos? -¿A quién se lo recomendamos? ¿Quién debería acercarse a este fantástico álbum ilustrado? 

El viaje está siendo precioso y eso que sólo acaba de empezar. Ha sido una suerte publicar con la editorial KóKINOS. Es una editorial seria y que cuida y selecciona muy bien sus publicaciones. Siempre la admiré y lo sigo haciendo. 

El libro se recomienda a partir de los cinco años, pero yo lo recomiendo a todo el mundo. No creo mucho en esa categorización de libros a partir de cierta edad. En casa siempre tuve libros y cuentos, y no todos “eran para mi edad”. Los ojeaba, los miraba y aprendía, porque no sólo se aprende con el texto, también se aprende con las imágenes. Es ese recorrido del libro, durante el crecimiento de la persona, el que me interesa. 

Además, la historia de Simón no la creé para decirle algo exclusivamente a los niños. Sino también para los adultos cuyo niño interior no fue atendido o valorado lo suficiente, para los que aún dudan sobre lo que hacer con su vida tengan la edad que tengan. Yo les digo a través de Simón, “vales por lo que eres, eres valioso”. Encuentra eso en lo que te sientes más tú, eso con lo que pierdes la noción del tiempo, y sigue ese camino. Da igual lo que diga la sociedad; la sociedad es un murmullo cobarde sin rostro, que se escuda detrás de mil excusas y prejuicios.

Por cierto, Luz Marina, ¿eres de las que piensan que hay que salirse de las líneas al dibujar? 

¡Depende!. Creo que el único “hay que” permitido en la creación es el de “¡hay que hacer lo que uno quiera!”. Salirse o no salirse, usar colores planos o dar volumen, usar lápiz u ordenador, usar collage, fotografía, etc. La creación es como el pulso, muy íntimo. Es un proceso de descubrimiento, cada uno tiene el suyo. Es algo muy personal.

¿Qué te gustaría dejar en todos los lectores de “El secreto de Simón? ¿Qué te gustaría habernos dejado después de leerlo?

Sabor a belleza y amor.

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