¿Habrán castigado sin leer a Santiago García-Clairac en alguna ocasión? Descúbrelo en esta entrevista


"Leer no te hace superior, te hace mejor persona. No hay ninguna necesidad de crucificar a los lectores convirtiéndolos en engreídos"

Castigado sin leer es una de esas novelas que todos debemos tener en nuestra biblioteca, pero ¿de dónde nació? ¿Qué te puso a escribirla?

En mis visitas a los colegios descubrí que existían muchos lectores a los que sus padres castigaban sin leer. Aunque siempre entendí que eran castigos simbólicos, me hizo reflexionar mucho sobre el tema de la lectura que, como todo el mundo sabe, es muy amplio y se entrelaza con otros asuntos que tienen que ver con la situación actual del libro en general.

Cuando llegué a la conclusión de que el libro podía arrojar algo de luz sobre la personalidad de esos lectores castigados, me lancé a la escritura.

Fue una bonita experiencia crear una galería de personajes que aportan un punto de vista sobre el hecho de leer y de no leer. Y de que por diversos motivos, se les impide la lectura.

El resultado es un libro que invita a la reflexión.

Estamos ante una historia que engancha desde el mismo título, de hecho, es de esos títulos que hacen que alguien se acerque a ella... ¿para ti el título, los nombres e incluso los detalles más crípticos y ocultos son indispensables para escribir una buena historia? 

Sin duda son indispensables. Imagina que este libro se titulara, por ejemplo El castigo de Gregorio, ¿verdad que no sería igual? Los detalles, los nombres, son muy importantes para dar interés a la historia. No me puedo imaginar a Cristal, la chica de la voz bonita, llamándose Pepita.

Los lectores saben que tienen que estar muy atentos cuando leen si no quieren que se les escapen detalles que podrían bajar el interés de la historia. Están habituados a los juegos de palabras, a los dobles sentidos, a los misterios, a los secretos, a que una cosa signifique otra y a que un personaje pueda tener doble o triple personalidad.

Esos detalles críticos de los que hablas con los que dan interés a las historias. Y ¡Castigado sin leer! está lleno de intenciones y secretos y hay que leerlo con atención.

Gregorio es un gran lector… y eso le acarrea muchos problemas, ¿estamos en una sociedad en la que ser lector está mal visto o te hace parecer muy diferente al resto? 

Desde luego, y sin apoyarse en el victimismo, ser lector no es precisamente fácil y te convierte en alguien etiquetado.

No es que esté mal visto, es que se usa para atacar o desprestigiar. Todavía está en uso ese horrible término de “empollón”, que se aplica no solo al que estudia mucho, también al que lee más que la media.

Ser lector, ahora mismo, es cosa de gente valiente. 

Sin duda, los lectores parecen personas diferentes al resto. No dejan de decirlo desde todos los ámbitos. ¿Qué hace este niño, leyendo en vez de estar jugando?

Y luego está esa nociva costumbre que consiste en leer antes de dormir en la cama. Dormirse con un libro, dicen. Cuando lo suyo sería leer al despertar, por la mañana, cuando uno está despejado y en plena forma, no adormecido y cansado. La lectura no es un somnífero, por favor. Otra cosa es que un padre lea un cuento a un niño pequeño antes de que se duerma.

Es tremendo lo que estamos haciendo con la lectura.

Y lo peor es que la gente usa a Cervantes para que los jóvenes no lean, no se vayan a volver locos, como don Quijote. No hay escapatoria: o se vuelven locos o se duermen.

¿Castigado sin leer es una novela que homenajea a todos esos valientes que leen a pesar de todo y de todos? 

Claro que es un homenaje. Hace falta que los lectores se vean y sean vistos de una forma distinta, más actual, más osada, más moderna. Leer no es estar ante un libro, leer es tener la mente activa, es imaginar otros mundos, es ser capaz de descubrir ideas atrevidas. 

Leer no te hace superior, te hace mejor persona. No hay ninguna necesidad de crucificar a los lectores convirtiéndolos en engreídos.

Lo paradójico es que muchos padres, que no les compran libros, se jactan de que sus hijos son muy buenos lectores. Eso aseguran, al menos, cuando hablan con un escritor.

También hablas de los lectores escondidos, esos que no se dejan ver pero devoran títulos sin parar… 

Me ha encantado crear un personaje que lee a escondidas de su familia, que es enemiga declarada de los libros. Camelia, un joven valiente que sabe lo que quiere y no se deja amedrentar por los prejuicios de su entorno.

Es una situación que simboliza lo que pasa en muchos hogares, en los que no hay libros, ni bibliotecas, ni intención de tenerlos. Hay familias en las que, por un motivo u otro, la lectura está mal vista.

Más de una vez he visto en la ferias del libro a un padre decirle a un chaval que para qué quería él un libro. O decirle que para qué lo va a comprar si luego no lo va a leer.

Felizmente, los lectores no se dejan intimidar con esos comentarios y actitudes, pero se las tienen que apañar para leer. Parece mentira que, a estas alturas, existan ambientes hostiles a la lectura.

Y sí, he conocido a más de uno que lee a escondidas.

De importancia capital es el instigador, al que adentra en el gusto por la lectura, ¿todos necesitamos alguien así? ¿Con lectores que hablen de libros es más fácil que la lectura siga siendo un elemento muy importante de ocio en nuestra sociedad? 

Si se usa en el deporte, debería usarse en la lectura. Todavía sigo preguntando cuándo veremos a un político o a un deportista de élite con un libro en las manos. Pero sería genial ver a gente de la cultura hablando de libros. Y si fuesen escritores, no te digo.

Un detalle que no tiene importancia pero que refleja muy lo que quiero decir. Estos días en una red social, se ha puesto de  moda llenar de carteles cine esta red. He visto a muchos escritores hacerlo (cosa que no critico), pero sería mucho mejor que la llenáramos de portadas de libros, me parece a mí.

A veces, creo que nosotros mismos sufrimos de un cierto complejo.

Los libros y la lectura debería ser una cuestión prioritaria y de primer nivel. 

Otro asunto que me quema los nervios es que, la mayoría de las películas están basadas en libros a los que se mencionan en los títulos de crédito con una aparición de dos o tres segundos en tamaño pequeño, como si se quisiera ocultar.

Así que volviendo al libro que nos ocupa, estos temas están presentes y entrelazados. Y sí, es necesario que existan esos instigadores que promueven el deseo de leer en los más jóvenes.

Somos muchos los que lo intentamos.

Me ha gustado el tema de la librería y la necesidad de que para que siga adelante se haga necesaria la colaboración de escritores, editoriales, distribuidores y lectores… ¿hace falta explicar que todos somos importantes para que el libro siga? ¿Que somos muchos los que peleamos por los libros? 

Efectivamente, en una época en que las librerías están desapareciendo, el libro vive gracias a la extraordinaria cadena humana y profesional que se esfuerza en sacarlo adelante. 

Somos muchos los que trabajamos para que sobreviva a estos tiempos digitales. Y sí, es necesario explicar y recordar a la gente que el libro no es un producto casual que surge de una imprenta de barrio y que está en manos de editoriales que solo quieren enriquecerse.

No, el libro es un producto sofisticado que soporta muchos controles de calidad y que cuando llega a manos del lector lo hace con una dignidad muy elevada. El día que nos quedemos sin librerías y ya no existan los libros de papel, no tendremos lágrimas para lamentarlo.

Hace poco, leí un artículo que decía que se publican demasiados libros. Surgieron muchas voces pidiendo que se publiquen menos títulos ya que el mercado está sobre saturado de libros malos.

No hace falta que diga aquí lo mal que me sentó. Escritores diciendo que muchos libros son muy malos. Escritores pidiendo un control de publicación de libros. Escritores clamando por librerías más vacías de libros para que, los supuestamente buenos, pudieran tener más oportunidades. 

Pues de todo eso trata ¡Castigado sin leer!

Del derecho a publicar. Del derecho a elegir. Del derecho a leer lo que uno quiera. Del derecho a abrir la librería que uno quiera. En fin, trata de los enemigos que la lectura tiene y de los valientes que la defienden a pesar de todo.

¿Alguna vez te han castigado sin leer o no has podido leer algo que tenías muchísimas ganas de leer? 

He tenido mucha suerte y nunca me han castigado sin leer y creo que he podido disfrutar de todo lo que me ha apetecido.

Pero no puedo ignorar que hay mucha gente que no tiene el acceso fácil a la lectura. Tampoco puedo olvidarme de los se encuentran con barreras de todo tipo que les impide hacerlo.

Por eso he escrito ¡Castigado sin leer! Para no olvidarlo. Y para que otros entiendan que no se deben poner puertas a la lectura.

Me temo que hay demasiados chavales castigado sin leer, castigados sin comer y castigados sin disfrutar de la vida en libertad.

Santiago, ¿crees que deberíamos castigar sin leer para fomentar la lectura? 

Castigar a alguien sin leer no ayuda a que lea más.

Castigar a alguien sin leer es una barbaridad que solo puede tener malas consecuencias.

Igual que lo es obligar a alguien a leer.

La lectura es un gran lujo del que nadie debe prescindir y debe ser voluntaria. 

La lectura es libertad.

En cualquier caso, hay que saber que los lectores son muy activos y, si los castigas sin leer, son capaces de montar una librería. De eso va ¡Castigado sin leer!

Del valor de la lectura.

¿Cómo te lo has pasado escribiendo ¡Castigado sin leer!

He disfrutado mucho. Me ha dado la ocasión de diseccionar el mundo de la lectura y me ha ayudado a comprender y a explicar mejor los problemas que padece, que son muchos.

Nadie imagina los esfuerzos que hacen los libreros para que sus negocios sean rentables. Nadie imagina los esfuerzos de los profesores para que sus alumnos sigan leyendo fuera de las aulas. Nadie imagina lo que tienen que hacer algunos chavales para leer lo que les apetece, cuando les apetece y en el momento que les apetece. Es todo muy complicado, pero hay que seguir luchando.

Ha sido una gran experiencia escribir ¡Castigado sin leer!

Cuentas con las ilustraciones de Adriana Santos, ¿qué me cuentas de ella? 

He tenido la gran suerte de contar con el magnífico trabajo de Adriana Santos.

Desde el momento que vi la portada me di cuenta de que la editorial había acertado al elegirla. Yo no la conocía, pero estoy encantado de compartir cartel con ella. 

Es muy sensible y ha sido capaz de reflejar perfectamente lo mejor del libro. Espero tener ocasión de volver a trabajar con ella.

¿A quién le recomendamos acercarse a ¡Castigado sin leer!?

A todos los que piensan que los castigos sirven para algo. A todos los que han sufrido algún castigo relacionado con los libros. A todos los que creen que leer no sirve para nada. A los que están buscando un libro entretenido y con contenido. A todos los que piensan en leer y no se atreven. A todos los que se burlan de los que leen… en fin, a todos los que aman la lectura y todavía no lo saben…

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