Entrevistamos a Gracia Iglesias después de leer "Karim y las cebras"



¿Cómo se te ocurrió la idea de este libro? 

El cuento está inspirado en dos hechos reales, aunque la idea se me ocurrió leyendo una noticia en la prensa. Era una nota pequeña, pero enseguida sentí que tenía que convertirla en cuento: resulta que en un zoo de Palestina, de la zona llamada franja de Gaza, habían reemplazado las cebras perdidas por culpa de un bombardeo por dos burritos pintados, para mantener viva la ilusión de los niños. ¿No es precioso? ¡Era un cuento en sí mismo y yo tenía que escribirlo! Y eso es lo que hice, aunque tardé bastante tiempo en encontrar las palabras apropiadas. Y mientras escribía el cuento recordé otra historia que también se había publicado en la prensa bastantes años antes, no tenía muchos datos porque no guardaba el recorte, pero sí la idea general: en otra ciudad en guerra una manada de leones se había escapado de un zoo y había estado atemorizando a la gente (que ya estaba bastante asustada por la guerra). Era otra historia verdadera que hablaba de animales y de guerra, ¡y era tan increíble que parecía inventada!, así que decidí meterla de algún modo en el cuento.

¿Es fácil hablar de guerra en un libro para niños? 

No, no lo es. Por eso tardé tanto en escribir la historia. Tenía muy claro el argumento y la parte bonita que hablaba cebras pintadas con todo el mensaje de esperanza y de ilusión que quería transmitir no me planteaba problemas. Pero no quería despojar a la historia de su crudeza: si no existiera la guerra no sería necesario contar historias como esta. Así que tenía que hablar de la guerra, de la destrucción, de todo eso, pero de una forma delicada y le di muchas vueltas hasta encontrar el modo. Espero haber conseguido lo que me proponía.

¿Cuánto tardaste en escribir esta historia? 

¡Uy, qué pregunta tan difícil! Es que yo tengo un modo de trabajar un poco peculiar, primero “escribo” los cuentos en mi cabeza, es decir, le doy vueltas y vueltas a una idea, a los personajes, a la situación, a cómo debo contar tal cosa o tal otra, a cómo debería terminar la historia… Puedo pasarme muchísimo tiempo en esa fase, hasta que llega un momento en el que siento que la historia está preparada, como si ya estuviera suficientemente madura, y entonces me pongo a escribir y suelo tardar muy poco en dar forma al cuento. ¡Ah!, pero ahí no acaba todo, porque generalmente (salvo cuando son encargos y tengo plazos de entrega muy estrictos que cumplir) me gusta dejar que los cuentos “reposen” –como los vinos o los quesos– para tomar distancia y poder corregirlo mejor. Después de que el cuento ha “dormido” algún tiempo en mi ordenador, vuelvo a leerlo y si hay cosas que no me convencen las retoco o las cambio.

Con “Karim y las cebras” todo el proceso duró años, pero la verdad es que no sabría concretar cuantos.

¿A quién le recomiendas que lo lea? 

A todo el mundo. Bueno, evidentemente el libro no es de esos pensados para muy pequeñitos, es necesario tener ya cierta fluidez en lectura para poder leer el cuento por uno mismo, es decir, que está recomendado para lectores a partir de 6 o 7 años. Pero la historia es suficientemente bonita como para que en casa o en el cole, una maestra, o un papá, o una abuela, por ejemplo, se la cuente –simplificándola un poco, claro– incluso a los que no saben leer. Pero es que, además, creo a los mayores también les gustará, porque algunos que lo han leído me han dicho que han disfrutado con él.  Y el mensaje que quiero transmitir es universal: me gustaría que le llegase a todo el mundo.

¿La solidaridad tiene que empezar por aquellos que tienes más cerca? 

Por supuesto y a veces eso es más difícil de conseguir, porque hay que hacerlo día a día, no se trata de ayudar en momentos puntuales de catástrofes, o de campañas de navidad y esas cosas a gente que está muy lejos. 

¿Qué te está pasando gracias a este libro? 

Gracias a los libros que escribo me están pasando cosas muy bonitas: niñas y niños que me dedican dibujos preciosos, o se me acercan en los cuentacuentos que hago para decirme que les gustan mucho mis libros. Mamás y papás que me cuentan que sus peques no se van a la cama sin que les lean por millonésima vez alguno de mis cuentos… “Karim y las cebras” se ha publicado hace muy poquito, así que todavía no tengo muchas anécdotas que contar sobre él, pero, por ejemplo, algo precioso que me ha pasado es que hicieron una versión radiofónica preciosa, poniendo voces a los personajes y música y efectos sonoros y me encantó. 

¿Qué te parecen las ilustraciones de Sonja? 

¡Son maravillosas! La primera vez que las vi se me saltaron las lágrimas de emoción, y eso que solo eran los bocetos y todavía no tenían ni color. Sonja ha entendido de maravilla la historia, es como si se hubiera metido en mi cabeza, pero todavía mejor, porque ha añadido detalles que a mí ni se me habían ocurrido y que le dan a los personajes mayor realismo y humanidad. 

¿Sin ellas el libro sería muy diferente? 

Sin duda. Es lo bonito de los libros ilustrados, que el texto aporta unas cosas y la ilustración otras. Y lo bueno de que haya tantas editoriales diferentes con gustos distintos, y tantas personas ilustrando de maravilla, es que hay muchas posibilidades diferentes para un mismo libro y eso no significa que unas sean buenas y otras malas, al contrario, en cada caso siempre hay algo que hace el libro especial.

¿Qué te gustaría que pensáramos los que leamos “Karim y las cebras”?

Me gustaría que disfrutéis de la historia, que os guste lo que cuento, eso en primer lugar. Pero también que os haga pensar. Que penséis en lo que suponen las guerras, y que os ayude a comprender mejor los sentimientos de las personas que han vivido esas guerras y que a veces tienen que huir de sus países para salvar la vida. También me gustaría que se entendiera el mensaje de amistad y de solidaridad que hay en el libro. Si os fijáis bien, el dueño del zoo y su familia son de una cultura diferente a la de Karim y su prima, no es una cosa que se diga en el texto, solo queda sugerido en los nombres y en la forma de vestir de los personajes que Sonja ha dibujado muy bien. Yo quería demostrar que no importa de dónde vengas o cuales sean tu cultura y tus creencias, la solidaridad está por encima de todo eso y hace que el mundo sea mucho mejor.



Una entrevista de 

Moisés Fernández, 
de Navas del Rey
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