Charlamos con Maite Carranza sobre "La película de la vida"


Esta novela nos ha gustado tanto, que hemos querido hablar con Maite. Como estamos de vacaciones (o algo parecido) hemos pensado que os la podíamos dejar por escrito y... aquí la tenéis. Disfrutadla, no es para menos.

¿Qué te impulsó a escribir esta novela?

La impotencia por las injusticias que se han vivido en este país a costa de la tan cacareada CRISIS. Deseaba poner cara, voz y nombre a las víctimas de una situación que, como siempre, ha recaído sobre los más débiles, entre ellos los niños, nuestros niños. 

La idea concreta surgió al visitar una escuela especialmente castigada por el paro. Me sorprendió la relación de los profesores con los chavales: sus muestras de afecto, el trato cariñoso con los niños que llegaban tarde o con los que pedían el desayuno en conserjería. Ante mi interés, la directora de esa escuela de la periferia me explicó la difícil situación que vivían esos niños y cómo los profesores se habían propuesto que la escuela fuera un refugio, un lugar donde se sintieran acogidos y queridos y desde dónde pudieran proyectar su futuro con dignidad. Me explicó historias de chavales que tenían la nevera vacía, la electricidad cortada y dejaban a sus padres en casa, deprimidos y durmiendo, para acudir solos a clase, con sus hermanos. A esos niños valientes ellos les correspondían dándoles afecto, seguridad, comida y autoestima. Era un claustro de enseñantes comprometidos con sus alumnos. 

Lo más triste es que esta escuela pública y modélica de Sant Vicenç dels Horts, que conseguía resultados académicos excelentes de sus estudiantes, cerrará próximamente por decisión política. 

No es un buen final.   

Un libro para leer a partir de los 10 años, ¿no crees que puede resultar demasiado dura para algunos niños?

Yo la recomendaría a partir de los 11 o 12. Pero a partir de esa edad les invitaría a conocer la realidad que les circunda sin eufemismos y sin tapujos. No hay palabras mal sonantes, ni crueldad, ni violencia gratuita en este libro. ¿Acaso Dickens no denunció el esclavismo de la revolución industrial, la mendicidad infantil y otras lacras que afectaban a su tiempo? En la “película de la vida” hablo de hechos reales que ocurren a nuestro alrededor y que afectan a niños reales. No creo que debamos ocultar a nuestros pequeños una palabra como “la pobreza” para preservarlos del dolor. La consecuencia de ello es la indiferencia hacia los demás, la falta de empatía hacia los que sufren y, lo que es peor, la ignorancia del mundo en el que viven y del que serán responsables de aquí unos años. Llorar es necesario para compadecerse, enfadarse y adquirir conciencia social. En la educación sentimental de nuestros pequeños deberíamos encarar con valentía muchos temas que se consideran tabú. Resulta una hipocresía cuando estos mismos niños están expuestos mediáticamente a temas tan duros como la violencia y juegan a matar con videojuegos. Eso sí que es duro.  

¿Cómo te has sentido escribiendo esta historia en la que se retratan tantas y tantas historias vividas por personas a nuestro lado cada día?

Los escritores somos todos y cada uno de nuestros personajes. Nos mudamos a su piel, vivimos sus peripecias y reímos y sufrimos a su lado. 

Sinceramente, lo he pasado mal. He compartido la desesperación de la madre, que se ve incapaz de continuar luchando y se rompe, y el estupor de Olivia que no podía siquiera imaginarse que las madres llorasen ni que la pobreza pudiera llamar a su puerta. 

Yo, como Olivia, me compadecí del pequeño Tim y entre las dos decidimos hacerle más llevadero el trago de perderlo todo gracias al poder mágico de la imaginación. Como humanos que somos siempre nos aferramos a un sueño, a una esperanza, a una pequeña mentira. Las sonrisas que despierta Tim creyendo que es el protagonista de una película es lo que me ha permitido seguir adelante con esta historia y dotarla de la ternura necesaria para que no se me atragantase y me echase a llorar antes de acabarla.  

¿Una novela como “La película de la vida” se decide escribir o te asalta y te obliga a que la escribas?

Como bien dices es una historia que te asalta, que te exige ser escrita, que te recuerda que no puedes evadir algo tan necesario como iluminar la oscuridad de los protagonistas anónimos de la crisis. Y darles nombre, y voz. La dificultad estaba en el cómo. ¿Cómo encarar una novela cargada de impotencia y dirigirla a niños? No creo en los finales felices que ofrecen soluciones mágicas a los problemas reales, aunque por otra parte quería dar un mensaje de esperanza, a pesar de mi pesimismo. Y lo encontré en Olivia y en su empatía hacia su hermano pequeño. Olivia, una niña sensible de doce años, inventa una historia emocionante para su hermano y le permite que se refugie en la fantasía. Eso le hace más llevadero su propio dolor y la obliga a ser fuerte, responsable y a tomar decisiones.     

¿Cuántas Olivias has conocido?

He visto sus caras, sus expresiones y sus actitudes en muchas de las escuelas que visito. Son niñas curtidas por la vida, que saben lo difícil que resulta sobrevivir y que a menudo cargan con el peso de muchas mochilas ajenas, además de la suya propia: las de sus padres, las de sus hermanos pequeños. Y a pesar de ello encaran la vida con valentía. Les deseo todo lo mejor y las admiro muchísimo. 

Juegas con un mundo que conoces bien, el del cine y el teatro… ¿por qué quisiste vincular esta novela con ese mundo?

Agradezco mucho esta pregunta porque la elección del mundo del artista freelance no es casual. Elegí a una madre actriz que ha rozado la popularidad y hasta la fama. Me pareció más comprensible para los niños que la figura de una escritora o guionista.  La gente ignora que algunos de los actores o actrices que les deslumbraron en la pequeña pantalla viven en la indigencia. Ni se lo imaginan. Asocian siempre el mundo del espectáculo y la cultura con la vida frívola de los focos y los micrófonos.  

Mis compañeros guionistas y escritores nos auto consideramos trabajadores de la cultura. Como los actores y actrices, como los músicos, como los ilustradores y tantos otros. Y la cultura y sus trabajadores -desprotegidos y desprovistos de convenios, de paro y de derechos laborales-  han sido los grandes damnificados de esta crisis. Apenas se habla de ellos y yo, que lo soy y que lo he sufrido en carne propia, quería romper una lanza por un sector olvidado y al que se le supone- solo supone- glamour, prestigio y hasta riqueza. Nada más equivocado. Los creadores vivimos en precario y sufrimos en solitario. Muchos deben abandonar su profesión y por el camino pierden toda una vida de dedicación a una carrera que han construido a fuerza de empeño y sacrificios.

El abandono y la falta de sensibilidad hacia estos colectivos de trabajadores de la cultura  es uno de los grandes males – entre otros- de nuestro país.     

¿Escribir realidades hace que tus novelas sean menos populares? Puede que con magia y con fantasía tengas más éxito lector, ¿aun así continuarás escribiendo este tipo de historias?

Procuro no dejarme llevar por la moda y las tendencias imperantes del momento, aunque a veces resulte inevitable puesto que los escritores dependemos de las editoriales y el mercado. Mi trilogía de brujas llevaba muchos años en el cajón y pude verla publicada gracias al éxito de la fantasy que siguió a la publicación de Harry Potter. Pero a continuación escribí a contracorriente un trhiller muy inadecuado que, contra todo pronóstico, tuvo un gran éxito de público. “Palabras envenenadas” rompió esquemas y me sorprendió gratamente la reacción de los lectores y la crítica. Con lo cual, es difícil saber lo que resultará exitoso o no. Como escritora, escribo lo que me apetece en cada momento. No me etiqueto en un género ni tan solo en una edad lectora. Me gusta que las historias me dicten la forma de ser explicadas. Y “La película de la vida” no podía navegar en otras aguas que no fuesen el realismo. Ni tan solo cabía el humor, que me encanta,  y en el que me amparo para incidir en la absurdidad de muchas incongruencias de nuestra sociedad. 

En esta novela dejas ver tu enfado ante los poderosos, los bancos, los gobiernos… ¿este libro (y otros) ha sido el mejor recurso que has encontrado para gritar ante la injusticia?

Soy muy crítica con el mundo que vivo y sí, la literatura me permite expresar mis enfados a través de mis libros. Lo hice con el cambio climático (Sin invierno) con el abuso sexual (Palabras envenenadas) con la ablación de clítoris (El fruto del baobab) y ahora con la pobreza y el ultraliberalismo económico (La película de la vida). También lo hice, como guionista, con mis películas para televisión que trataban sobre temáticas sociales y realistas. Denunciar no es escribir panfletos. La denuncia en literatura debe sostenerse en personajes de carne y huesos que viven historias verosímiles. Y conmover. No me resulta fácil escribir sobre temas que me indignan puesto que una historia no es un manifiesto reivindicativo. Una historia tiene que profundizar en los porqués, en los cómo y en el sentir de sus personajes. Si lo consigo, me siento muy feliz.    

Estas obras comprometidas son mi pequeña contribución, mi granito de arena para luchar contra las injusticias. Cada vez que alguien me comenta que gracias a alguno de mis libros adquirió consciencia de algo que ignoraba me siento egoístamente recompensada. Me digo que ha valido la pena.   

¿Crees que la lectura de “La película de la vida” puede contribuir a que miremos a nuestro lado con menos desdén?

Eso espero y eso deseo. Ignorar nuestra propia realidad sirve a los poderosos para construir un mundo basado en las desigualdades y las injusticias. El conocimiento del funcionamiento de nuestra sociedad puede hacerse desde ensayos, artículos y estudios, pero llega a muchísima más gente desde las pequeñas historias narradas por el cine y la literatura. 

Las historias nos emocionan y la emocionalidad nos permite compartir vivencias ajenas con más naturalidad que digerir estadísticas. 

Espero y deseo que ningún niño pueda volver a ser indiferente ante los compañeros que no desayunan, que no pueden pagar una salida escolar, que no tienen libros en casa, que se hacen cargo de sus hermanos o que llevan ropa de Cáritas.    

¿A nivel personal qué sentiste al ver este libro publicado?

Ilusión y esperanza. A partir de ese momento, como ocurre siempre, el libro ya pertenece a los lectores  y emprende su aventura personal.

El libro, además, es precioso gracias a las estupendas ilustraciones de Iratxe López de Munáin que con sus pinceles mágicos puso color y cara a esos personajes que antes eran invisibles. 

Me siento muy agradecida al jurado del Premio “Vaixell de Vapor”que premió la obra, y a la editorial Cruïlla y a la editorial S.M que lo han editado con tanto mimo. Un libro es la tarea de muchas personas que lo hacen posible.  

¿Quién crees que debería leer esta novela?

Niños, padres y maestros. Creo que es un libro para leer en familia y en clase. Y naturalmente, cualquier lector o lectora sensible, de diez a doscientos años.   

¿A veces cuando lo perdemos todo es cuando nos encontramos de verdad?

Las crisis son momentos de replanteamiento personal, eso es cierto. Pero cuando una sociedad se desmorona y los individuos están desprotegidos y solos, no pueden nadar contracorriente y se hunden en la impotencia.  

Esta crisis ha intentado culpar a las personas de su situación y ha hecho famosa esa frase desafortunada de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. 

Hay muchas teorías acerca de la capacidad catártica de las crisis, pero si bien comparto que superar las experiencias personales difíciles puede reforzar a las personas, no creo que las crisis económicas injustas y absurdas como la que hemos vivido hayan tenido efectos benéficos ni aleccionadores. Han sufrido los inocentes, los débiles, los desprotegidos. Por desgracia, hay más precariedad y más injusticia que antes. Los pobres son más pobres y los ricos más ricos. Es triste concluir que el sistema se ha apropiado para sí de la idea regeneradora de las crisis y que los poderosos han salido ganando. Ya dije que no creo en los finales felices. 

¿Qué te gustaría dejar en los lectores de “La película de la vida? ¿Qué ideas o sensaciones?

La misma sensación agridulce que tengo yo al vivir el día a día. Hay cosas hermosas por las que merece la pena levantarse cada mañana, pero muchas otras que no podemos dejar pasar y que se merecen nuestro enfado. Por eso debemos escribir nuestro propio guión y vivir nuestra propia película, sin traicionarnos. La vida solo pasa una vez. 

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