Un poco de gamberrismo literario, por favor


Lo hay, lo encuentro muy de vez en cuando, en serio (por ejemplo... lo acabo de encontrar hace pocas lecturas en "El ladrón de croquetas"), pero es muy, muy difícil encontrar en estos días algo de travesura, mala sombra y simple diversión en la literatura infantil. Y me da rabia. ¿Es que todos los libros que les llegan a los peques tienen que servir para educar?, ¿no estaban las familias para eso?

Hace unos días se lió una tremenda con "75 consejos para sobrevivir al colegio", una novela gamberra y revoltosa de María Frisa. Muy políticamente incorrecta, es cierto. Pero, ¿a veces no hay que buscar soltar la cuerda?, ¿no deberíamos dejar que nuestros peques elijan lo que quieren leer y disfrutar? Si nadie piensa que un niño va a intentar sobrevolar su cuarto sobre una escoba (por mucho que le haya grabado en la madera "Nimbus 2000"), ¿por qué creemos que va a buscar un novio con desesperación solo porque lo recomiende el personaje de un libro?

Me he tirado dos meses leyendo a Road Dahl, desde "James y el melocotón gigante" hasta "Agu Trot". No he leído en toda mi vida a un autor más gamberro e irreverente en la LIJ, ¡y es uno de los más queridos y leídos por los niños de todo el mundo! Desde hace décadas. Sus historias han poblado el imaginario infantil desde que en 1948 publicó su primera historia para niños. Y hoy podemos ver decenas de adaptaciones de su obra, sin que nadie se rasgue las vestiduras porque una niña utilice su magia y su inteligencia para burlarse de los terribles mayores que le han tocado en suerte. Aún me acuerdo de cuando era pequeño y echaban en la televisión la serie de Pippi Calzaslargas, una niña que me parecía poco más que una loca y que encandilaba, en la pantalla y en la televisión a miles de niñas y niños... y no vi nunca a ninguno que se subiese a una lámpara después de ver su serie o que intentase meter a un caballo en su casa tras leer uno de sus libros.

Estamos en un momento demasiado "políticamente correcto", en el que nos molesta incluso que en una colección de juguetes solo haya personajes masculinos y no haya ni una sola muñeca. Es difícil, por no decir imposible, ser gamberro hoy cuando se trabaja con los niños. Siempre hay un adalid de lo que se puede y no se puede contar, de lo que se debe educar con las historias. Un héroe, anónimo casi siempre, que busca la protección de los indefensos niños ante cualquier ataque "gamberril" que se les avecine.

Pero, por favor, necesitamos niños gamberros (en el papel y en la realidad), pero entendiendo su gamberrismo no como la posibilidad de destruir sin más, sino la de trastocar aquello que no está bien o que es estúpido. Niños que se enfrenten a sus padres cuando se topen con una injusticia, que no toleren que les convirtamos en zombis consumidores, que nos molesten por intentar fastidiar (con mucho ahínco, además) el medio ambiente... Y, sobre todo, que se lo pasen bien leyendo títulos que a sus padres les desagradan o, por lo menos, les incomodan. Necesitamos niños que lean a escondidas.

Me gustan las historias con enseñanza, pero, creo, necesitamos muchas más historias de entretenimiento, sin lecciones. De esas que uno recuerda toda la vida aunque no haya aprendido nada con ella (excepto la mejor manera de atrapar faisanes).


PD. He "tomado prestadas" imágenes de Quentin Blake, espero que no se me moleste.
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