Un regalo inesperado


Todo comenzó cuando estábamos en la cabalgata de reyes el año pasado y se nos acercó a mi hermano y a mí un hombre bastante anciano y raro. 

Se me acercó y me dijo unas palabras que no entendí del todo pero que creo que decían algo como: “Isaac esta noche descubrirás, al lado de tu árbol de navidad, algo que te hará cambiar completamente y a la vez creo que te hará súper feliz”.

Y entonces yo le contesté: ¿pero cómo? , ¿Qué, señor? , ¿Y de qué me conoce? y él me contestó: querido niño, son muchas explicaciones que dar y poco tiempo el que tengo.

Yo me quedé callado sin saber qué hacer ni qué decir pero sin parar de mirar a aquel hombre que se alejaba entre las personas que estaban allí.

Durante toda la cabalgata no podía parar de pensar en las palabras que él me había dicho y de qué sería lo que hoy encontraría debajo de mi árbol en el salón.

Al llegar a casa lo primero que hice es ir hacia el árbol pero allí no había nada. Así que empecé a pensar que todo había sido una broma y me fui a cenar y después a acostar, que como todas las noches de reyes me tenía que acostar muy pronto.

A la mañana siguiente me levanté, como todos los años, a media noche para ir al baño y mientras tanto mirar si ya habían venido los Reyes. Mi sorpresa fue que sé y que además yo tenia tres regalos solo para mí, así que, después de intentar saber qué era, me volví a acostar.

Cuando al día siguiente mi hermano me despertó para contarme que ya habían venido y que le acompañara a abrirlos, me encontré con que tenía cuatro regalos con mi nombre puesto.

Intenté recordar cuáles de los 4 eran los que había visto aquella noche pero entre que estaba medio dormido y que mi hermano no paraba de llorar porque a él sólo le habían traído tres y a mí cuatro, no pude recordarlo.

Al fin pude saber cuál era el que cuando yo me había levantado no estaba, por el tamaño y el color con el que estaban escritos los nombres y lo dejé el último.

Ya había abierto la equipación de futbol, unos videojuegos para la PSP y dos libros para leer, empecé a abrir el cuarto regalo, que tenía forma cuadrada.

Al abrirlo descubrí que era una caja decorada con bonitos dibujos y cuando la abrí vi una carta que ponía mi nombre y un sello rojo que la cerraba. 

Me puse tan nervioso que tuve que leerla tres veces para enterarme, pero aun así no podía sacarme las palabras de aquel hombre de la cabeza y fui corriendo a mi madre porque al leerla me asusté un poco, no solo por lo que ponía, sino porque aquel hombre sabía dónde vivía y  había entrado en mi casa.

Le conté todo lo que había pasado en la cabalgata y lo que ponía en la carta. Al final había unas iníciales S.M.R. No sabía de qué nombre podía ser pero la carta decía “que el próximo año se volvería a encontrar conmigo para que le diera un papel en el que debía de escribir todas las cosas buenas que haría por los demás y que si, en ese momento, fueran tan buenas como él creía, yo seria recompensado”.

Así que este último año me he dedicado a hacer cosas buenas por los demás, y las he apuntado en un papel, aunque mi madre y todos mis amigos me dijeran que era una tontería y que aquel hombre no aparecería.

Era el día de la cabalgata y aparte de ir a por mi regalo y a recoger caramelos, esperaba encontrarme con aquel hombre y por eso llevaba una carta metida en un sobre que había estado guardando desde que recibí la suya.

No me encontré con ningún hombre aquella noche pero el saber que gracias a las cosas buenas que había hecho muchas personas serian un poco mas felices me hizo darme cuenta de que no me importaba el regalo que él me tendría que dar por hacerlas.  Y se me ocurrió la idea de que todo el mundo le pasaría lo mismo si yo me disfrazara de aquel hombre y les dijera lo mismo a muchos niños que conociese en la cabalgata de reyes.

Aunque al llegar a casa sólo en una cosa, dejé de pensar que había sido una broma por que al mirar debajo de mi árbol había un solo regalo con un nombre escrito el mío.

¿Y si de verdad alguien supo todo lo que había hecho? ¿Y si es así, quién sería? ¿Y cómo lo sabría?

Lo más increíble fue el regalo que había dejado debajo de mi árbol.  Recibí un diploma al mejor ayudante de Rey Mago, reconociendo mi honestidad, buen humor y sobre todo la importancia de ayudar a los demás con alegría, sin esperar nada a cambio.  


Isaac Francisco Castillo Teresa
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