El verdadero San Valentín


Había una vez, hace muchos años, en un reino muy lejano. Un escarabajo pelotero que soñaba con viajar. Durante toda su vida había guardado en su bola de excrementos todo cuanto necesitaba para realizar un viaje que le llevase a la otra parte del mundo conocido y cuando lo tuvo todo preparado y su bola de excrementos era suficientemente grande, se decidió al fin a viajar a la otra punta del mundo.

Este escarabajo viajero se llamaba Valentín y allí donde iba siempre encontraba un hueco en sus obligaciones para acudir en ayuda de los demás, por lo que todos los insectos, coleópteros e incluso algunas babosas y caracoles acabaron por tenerle mucho aprecio.

Un día, cuando Valentín viajaba a través de una piedra de granito, ocurrió algo terrible. Un estruendo ensordecedor resonó sobre la roca y de pronto se puso a llover. Valentín fue lo suficientemente valiente y rápido como para cobijarse él y su bola de excrementos debajo de una hoja muy ancha. Aunque las hormigas que corrían hacia el hormiguero no tuvieron tanta suerte. Cuando pasó el chaparrón había muchas hormigas desaparecidas. Otras corrieron a refugiarse al hormiguero. Hasta que al final solo se quedó una única hormiga en la piedra, muy cerca de Valentín. Parecía muy nerviosa y no paraba de llamar a alguien que se llamaba Daniela.

Valentín, conmovido por la pena con la que gritaba esa hormiga dejó su bolita bajo la hoja y se acercó a presentarse y a preguntar qué le pasaba, a lo que la hormiga le respondió que buscaba a su enamorada, Daniela. Tras mucho tiempo de búsqueda, al final dieron con la hormiguita. Estaba al otro lado del riachuelo de casi un palmo de ancho que se había formado en la piedra a causa de la tormenta. Ricardo, que era el nombre de la hormiga valiente.

Ricardo no sabía qué hacer ¿cómo podía llegar hasta su amada Daniela? Y fue a Valentín al que se le ocurrió la manera. Empujó su bola de excrementos hasta el río y una vez allí invitó a Ricardo a correr en busca de su amada. Ricardo y Daniela subieron por la bola y regresaron sanos y salvos a su hormiguero, donde fueron felices para siempre y tuvieron tres millares de hijos…

Cuando Valentín iba a coger su bola de excrementos el río se los llevó a los dos por delante. Nunca más se supo ni de Valentín ni de su bola de excrementos. Al menos por allí. En realidad Valentín y su bola de excrementos viajaron por todo el mundo y en parte fue gracias al río... pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión...

En el paraje junto al hormiguero nadie más supo sobre Valentín o su bola salvadora y desde aquel entonces, todo el mundo dijo que aquel escarabajo pelotero era un santo del amor. Y desde ese día, se pasó de padres a hijos la historia de San Valentín, el santo escarabajo y su gigantesca bola de excrementos...

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.


En fin, niños y niñas. Doncellas bellas y granujillas pecosos. Está muy bien eso de celebrar un día de los enamorados, pero sería mejor estar enamorados todos los días.
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