Un cuento colectivo



Hoy he preopuesto un cuento colectivo. Como sólo eran cuatro peques les he preguntado a cada uno el tema sobre el que querían que fuese el cuento y el resultado no podía ser más dispar. Dos de ellos han pedido que fuese sobre vaqueros, otro que saliesen monstruos y Laura ha pedido que tratase sobre dos viejas... ¿qué se puede hacer con este cocktail tan particular? En fin... leed el principio por vosotros mismos.

Por cierto, quedáis invitados a continuar la historia desde el Continuará, a ver quién se atreve a hacerlo y nos lo manda.


La Granja de los Monstruos

Había una vez dos señoras muy mayores que eran vaqueras. O sea, que cuidaban a las vacas. También tenían caballos, porque para cuidar a las vacas siempre iban montadas a caballo.

Una de las señoras se llamaba Viejota y se la podía distinguir porque tenía una verruga muy grande en la punta de la nariz, lo que hacía que todo el mundo creyese que era una bruja. Tenía el pelo gris plata y los ojos azules y profundos. Siempre llevaba puesto un gorro negro, plano y con un ralla gris en la base de la copa, que acaba en punta (como los gorros de las brujas). Era tan gorda como tres señoras normales de su edad y cuando era más joven tuvo que hacer la puerta de su casa el triple de grande de lo que era para poder entrar en ella. Era muy fea y tenía muchas arrugas en todo el cuerpo. Era bastante antipática y hacía bebidas tan extrañas que todo el mundo se mareaba al olerlas y pensaban que eran pociones mágicas.

La otra se llamaba Baraviejas y era todo lo contrario a su hermana Viejota. Era muy guapa y delgada. Muy simpática y tenía a todos los hombres del pueblo enamorados de ella. Tenía el pelo de color negro y brillante, tan liso como la superficie de un lago en calma. Sus ojos eran verdes. Entenía vez de hacer esas bebidas apestosas de su hermana, hacía unos pasteles exquisitos, y todo el mundo iba a su casa –a pesar de las bebidas apestosas- sólo para ver su belleza y probar sus pasteles.

Viejota y Baravieja llevaban viviendo juntas en su granja desde que nacieron, hacía ya treinta y tres años. Y vivían muy felices a pesar de sus diferencias. Cuidaban a sus vacas y a los caballos, sembraban el huerto. También tenían cerdos, ovejas y gallinas, patos y gallos, conejos y pavos. También había por allí algunos ratones, hámsteres, musarañas y ardillas.

Había un hámster en especial que siempre entraba a comerse los pasteles de Baraviejas, se llamaba Bigotitos. Era de color rosado y tenía los ojos negros y brillantes, tan brillantes y negros que parecían dos pequeñas canicas.

Un día se despertaron y vieron que faltaban algunas vacas y ovejas de su granja. Al principio se asustaron mucho, pero luego se pusieron a buscar por toda la granja y alrededores sin ningún resultado. Por la noche vieron unas grandes sombras que parecían acechar la granja, pero cuando salieron a ver qué eran descubrieron que se trataba de unos amigos vaqueros que venía a pasar la noche en la granja, porque se les había hecho tarde para volver a su casa.

A la mañana siguiente vieron que les faltaban más ovejas, con lo que sólo les quedaban cuatro ovejas: Peditos, Juanita, Casandra y Sebastiana. Lo que era una suerte, porque Sebastiana era la mejor oveja de toda la granja, porque era la que mejor lana tenía.

Esa noche volvieron a ver nuevas sombras y como los vaqueros se habían ido por la mañana, pensaron que eran ellos otra vez y salieron a la calle. Lo que vieron las asustó mucho.

Allí, con una vaca todavía entre los dientes estaba el monstruo más grande que habían visto nunca. Tenía tres cabezas y tres ojos en cada cabeza, cada uno de los cuales miraba con muy mala leche. Tenía un árbol sin hojas sobresaliendo de su lomo. Unas púas asquerosas que pinchaban que daba miedo. Cada una de las tres bocas tenía colmillos muy largos y afilados…


Continuará...
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